Porque nadie hará por ti lo que tú puedes hacer por ti mismo

I. Unrest en Tijuana

Eran los días del Iguana’s en Tijuana; verano del noventa y dos.

En las afueras del sagrado recinto se espera pacientemente a que la gran puerta oxidada de hierro dé cabida a los creyentes en la fe de las hermanas Deal y su grupo The Breeders. El ingreso inicia, y entre los asistentes se aprecia la solitaria figura de Omar Foglio, futuro practicante del d.i.y. (do it yourself) tijuanero como guitarrista del grupo Staura y fundador de discos Swenga. Una vez dentro, el delgado cuerpo de Omar se postra nerviosamente en el patio del lugar. Su cara blanca, afectada ligeramente por las espinillas, parece revelar menor edad de la necesaria para ingresar al Iguana’s. Seguramente una identificación falsa le dio acceso al evento o recién cumplió los dieciocho años, pienso yo.

El Omar de ese entonces, un preludio a lo que hoy se observa en la planicie de la ciudad: jóvenes que alternan el universo de lo cotidiano a favor de todo eso que ofrece un modo de vida diferente al establecido. Ropa suelta, cabellos largos desatendidos y colores de la segunda mitad de una década que los vio nacer; la de los setentas. Chicos y chicas con actitud slacker importada; algunos divinos, en busca de su lugar en el mundo, y una afligida mayoría que se pierde en la superficie de un planeta que ha dejado de existir.

“¿Vienes a ver a Unrest?”, me pregunta un entusiasmado Omar. “La verdad”, le contesto, “no sé ni quiénes son. ¿Para qué disquera graban?”, le pregunto. “Son de una indie en Washington, DC, que se llama TeenBeat y es un grupo bien curada. Nadie los conoce”. “Vaya, un grupo que no conozco, no puede ser, qué desconectado estoy”, pienso para mí mientras Omar gasta unos cuantos dólares en una horrible camisa verde-naranja de Unrest.

Bridget Cross en el bajo, Mark Robinson en la guitarra y Phil Krauth detrás de la batería; un trío llamado Unrest. Escucho la elemental influencia de un New Order electroacústico, pero sin la pretensión de lo inglés. Sencillo, pero con un exceso de bonitas melodías; lástima, no hay nadie aquí dentro de este lugar que se interese ante tal espectáculo, a excepción de Omar que, algo consternado, se deja perder en el rápido desenfreno enajenante que la música le proporciona.

“Qué agüite, nunca más van a regresar, nadie les puso atención”, comenta un Omar lleno de decepción, después del corto set de Unrest. “No te lo tomes a pecho, Omar”, le digo afablemente, “te prometo que voy a buscar la música de este grupo y así Unrest, a quien le vaticino un gran futuro, tendrá otro fan más en Tijuana”. A Omar no le quedó más que sonreír.

II. El fin de Unrest

Inalterable, absurda y simple, la propuesta que por siete años caracterizó las continuas ediciones musicales de Unrest. TeenBeat, la disquera independiente de pop internacional subterráneo que el terrible niño cachetón Mark Robinson opera desde la casa de sus padres, es trazada a imagen y semejanza de la hoy inexistente Factory Records, un sello inglés de Manchester responsable de grupos de rock arte de la década pasada como Joy Division, Durruti Column, New Order y A Certain Ratio. La única diferencia es la actitud; mientras Factory cubría la imagen de sus artistas detrás del velo frío y existencial de las imágenes del diseñador Peter Saville, TeenBeat explota, en la imagen de sus artistas, el kitsch de la cultura pop estadounidense.

Unrest, Tuscadero, Eggs, Romania y Blast Off Country Style, entre otros grupos del catálogo TeenBeat, representan ese esfuerzo aislado de hacer las cosas por uno mismo. No es necesario esperar a que lleguen las disqueras trasnacionales y se acerquen a ofrecer un contrato de grabación. La tecnología está al alcance y lo único que se necesita es paciencia, dedicación y mucho trabajo. La ética del d.i.y., al parecer, es la única forma de materializar sueños de rock y de derrotar los vicios de lo ya establecido. Muy importante, ya que son este tipo de hechos lo único que hoy en día salva la actual situación del aburrido y sobrevaluado rock corporativo gringo.

Unrest, por más inmaduro que haya parecido su haber musical, ha dejado entre nosotros la obra maestra Imperial f.f.r.r. (TeenBeat, 1992), su humor negro perverso, una objetable pero lógica asociación con 4AD y una gira europea que acabó con la sensibilidad artística del grupo en el verano del 94. Phil Krauth, el futuro galán del mundo indie, lanza su grabación como solista, a la vez que Mark y Bridget deciden poner un alto momentáneo a las cosas para dar una digna sepultura al nombre Unrest.

III. Air Jamaica en Miami y en Los Ángeles

Cuando Gabriel Stout sustituye a Krauth en el asiento de la pila, Mark y Bridget bautizan a su nuevo grupo con el nombre de Air Miami. El origen del nombre es parte de una anécdota que desconozco y que tiene que ver con la línea aérea Air Jamaica y con haber grabado su nuevo álbum en la ciudad de Miami (escuchar su sencillo de vinilo Airplane Rider (TeenBeat, 1995) para mayor información). Su primera presentación fue en septiembre del 94 en el Troubadour de Los Ángeles, durante el festival de 4AD, All Virgos Are Mad. La reacción del público fue la misma que vi en el Iguana’s dos años atrás. “Lástima”, pensé de nuevo, “ni aquí los saben apreciar”.

La diferencia con Unrest, en su segunda etapa como Air Miami, es que la tierna voz de Bridget es igual de importante que la de Mark. me. me. me. (4AD/TeenBeat, 1995) aterriza al grupo en la más nítida producción de sonidos, cortesía de Guy Fixsen (miembro del grupo Laika). Éste es un clásico instantáneo lleno de las más perfectas gemas musicales. “Please, please someone kill me soon”, rápidamente agrede Mark en el primer tema ‘I hate milk’, un trozo de pop en el cielo anárquico del punk digital. “Hey hey, hey hey I’m gonna fuck you up today”, dice el coro de ‘Neely’, la más estúpida lírica (como pueden ver) en el campo de la melodía infantil y el rock elemental.

IV. Air Miami en tu corazón

El club Casbah de San Diego, octubre del 95, Superchunk se prepara para abordar el escenario. Se vislumbra la delgada figura de Omar Foglio entrar por el pasillo principal que conduce al escenario del pequeño club. “Identificación falsa o veintiún años recién cumplidos”, pienso yo. Los rastros de aquel terrible ataque de acné han desaparecido y solo veo su honesta sonrisa mientras se acerca hacia mí.

“Air Miami toca en Los Ángeles hoy, creo que le abren al grupo Luna”, le digo antes de que me salude. “¡Ves!, te lo dije, esos vatillos nunca van a regresar por aquí”, me contesta acertadamente. “No te preocupes, Omar”, reflexiono, “solo es cosa de llegar a casa, poner el disco y escucharlos con el corazón”. A Omar no le quedó otra cosa que escucharme y sonreír una vez más.


Publicado en el semanario Bitácora de Tijuana (1995) y en el libro Rastros de carmín en un fondo tiznado de gris (La Espina Dorsal, 1996).


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