Cuando Roberto regrese, reflejos menos oscuros habitarán en la vena mayor de mi corazón.
Cuando Roberto regrese, la sombra negra debajo de mis ojos se perderá en el fondo de la naciente arruga.
Cuando Roberto regrese, mis oídos registrarán escalas de sonido que se repetirán sin imaginación.
Cuando Roberto regrese, el rojo de mis labios será un rubor de milagros bien intencionados.
Cuando Roberto regrese, mi pelo alborotado caerá en el suelo al lado de las últimas voces del invierno.
Cuando Roberto regrese, los viejos amores ridículos serán poemas perversos bailando a la orilla de un precipicio.
Cuando Roberto regrese, las niñas gritarán en la noche fresca de la ilusión temporal.
Cuando Roberto regrese, la pornografía de la educación será la razón de mi estimulación.
Cuando Roberto regrese, las gabardinas negras vestirán pálidas caras mexicanas.
Cuando Roberto regrese, seguiré de cerca, muy de cerca, a la garganta de playa y madrugada.
Cuando Roberto regrese, el silencio será una obra maestra de contrastes y oraciones.
Cuando Roberto regrese, sus imitadores acudirán a la negación y al desprecio de la evidente influencia.
Cuando Roberto regrese, la carnosidad de mi cuerpo será reemplazada por palabras de aislamiento.
Cuando Roberto regrese, ya no habrá espacio para la música en el recinto del recuerdo; el momento será otro y los gustos más diversos.
Cuando Roberto regrese, las arañas y los gatos formarán parte de las nuevas canciones de cuna y el amor será, otra vez, cielo e infierno.
Cuando Roberto regrese, habrá un adiós a la triste adolescencia y una gratitud sin deseos para lo que sigue.
Cuando Roberto regrese, mil sonrisas en el fondo del verde mar buscarán sustento en el interior de mi esfera corporal.
Cuando Roberto regrese, lo acompañarán mariposas y orugas que se alimentarán de mi lengua sin saliva.
Cuando Roberto regrese, no será suficiente el terror de la simple necesidad de vivir de noche.
Cuando Roberto regrese, los fantasmas habrán abandonado mi hogar para habitar sensibilidades más indelebles en otros espacios.
Y cuando Roberto regrese, besaré su frente y la de su esposa María en una calle oculta del barrio de Montparnasse.
Publicado en el semanario Bitácora de Tijuana (1993) y en el libro Rastros de carmín en un fondo tiznado de gris (La Espina Dorsal, 1996).
