#playlist #oct2025

Hay una reflexión a partir de octubre que inicia como una novela posmodernista de Thomas Pynchon, cortesía del guitarrista neo primitivista William Tyler y su gran disco Time Indefinite: una serie de viñetas apocalípticas y de ensueño folk que presagian su colaboración con Kieran Hebden (Four Tet), dejando entrever la relación que existe entre la tradición y la vanguardia.

Sí, gente como Gastr Del Sol lo tienen bien amarrado, pero hay un aire de nostalgia y esperanza en lo de Tyler que funciona perfectamente en la regulación el hipotálamo.

Hebden y Tyler, tit for tet
Center Iframe
Joanne Robertson y sueños borrascosos

Blurrr de Joanne Robertson es como lo de Taylor, pero en una dimensión fantasmal paralela a la realidad. Sus canciones son como bosquejos lejanos que llegan para incrustarse profundamente en la memoria, con una atemporalidad que refleja sentimientos sin posicionamiento; únicamente están ahí para admirarse.

Tender / Wading de M. Sage funciona también como espacio ambient, como un lugar ideal para la estancia permanente, que se acompaña de una suavidad radical realizada con flauta, piano y sintéticos barrocos alineados a una sensibilidad neo age.

Patricia Wolf criando cuervos

Hrafnamynd —islandés para «película de cuervos»— de Patricia Wolf también aspira a crear espacios, pero de la memoria: una serie de panoramas electrónicos en forma de pliegos Ektachrome que narran experiencias de vida en Islandia, explorando el folclor de la isla, una perfecta banda sonora para explorar a los cuervos Krummi.

Y, en ese sentido geográfico, lo nuevo de los Bitchin Bajas (Cooper Crain, Rob Frye & Daniel Quinlivan), Inland See, se encuentra en el espíritu de los himnos modulares analógicos de Jean-Jacques Perrey y Gershon Kingsley, creando un viaje físico que al mismo tiempo es efímero y mercurial.

The Necks, sin lugar a dudas

Touch del grupo post-rock Tortoise llega mediante International Anthem y Nonesuch, un empuje en recursos para los chicaguenses, que, sin perder el ritmo y la esencia de lo que siempre han sido, entregan uno de sus discos más moderados y sin sobresaltos. Quizás es la época, quizás el rock ya no es tan post y simplemente es lo que es. En este caso, Tortoise sorprende por su recato, por su acercamiento a casi entregar un disco más reservado de jazz experimental, como si estuvieran en una fase ECM, esperando a que el tiempo termine de hacer lo suyo.

En ese sentido, el trío The Necks entregan lo que a Tortoise le hizo falta con Disquiet, un disco triple que encuentra a los australianos explorando diferentes estados de ánimo, dejando intacta su usual sobriedad y profundizando en lo textural y tonal, logrando una clara y sutil evolución que siempre es envolvente. A diferencia de Tortoise, The Necks se encuentran en un lugar que no es del todo vanguardista, ni minimalista, ni ambient, ni jazz.

Cerramos con lo nuevo de Sam Prekop, del cual seguimos extrañando su particular voz con su grupo The Sea and Cake, quien en los últimos años ha realizado una serie de ejercicios instrumentales con modulares electrónicos. Open Close es su mejor disco hasta hoy, logrando una placa llena de melodías, lirismo impresionista y discretos ritmos que se quiebran bajo su propio peso.

(en portada: Sam Prekop)