“Para mí lo más importante en nuestra música es el sonido mismo”, explica Mika Vainio, la mitad de Pan Sonic, el dúo que formó junto a Ilpo Väisänen en su natal Turku. “La estructura viene después. Para los diferentes temas que grabamos buscamos distintos tipos de sonidos. Y aún no sé qué es lo que me atrae de un sonido. Existe algo de naturaleza en el sonido mismo, algún tipo de información”.
Esta afirmación revela la verdadera intención musical de Pan Sonic: mostrar el sonido en su forma más pura. La crudeza real de los sonidos que nos rodean se vuelve un ataque frontal de audio que penetra el cuerpo. Asistir a una de sus presentaciones pone en evidencia que el sonido no solo se escucha: se siente y se ve. “Nos gusta que nuestra música sea una experiencia física y visual”, admite Vainio en una reciente entrevista telefónica.
Para un grupo que desdeña la tecnología digital en favor de la vieja ciencia análoga, el resultado —tanto en disco como en vivo— es una experiencia cálida que poco tiene que ver con la mayoría de la música electrónica del momento. Sus bosquejos sonoros son tonos que se expanden y se transforman en poderosas atmósferas, junto a complejos patrones rítmicos que se complementan con una estética minimalista, casi abrasiva. Una confección volátil de sonido que se aprecia mejor a altos volúmenes.
“Nos gusta más lo análogo que lo digital”, explica Vainio. “Es más orgánico, más profundo”. A lo que Väisänen añade en una entrevista para CMJ: “No nos gusta utilizar computadoras porque no nos gusta cómo funcionan. No están diseñadas para los humanos”.
Tal vez la experiencia física de sus presentaciones radica en los instrumentos que utilizan, la mayoría inventados por un amigo ingeniero. Una característica que comparten con Einstürzende Neubauten, grupo que también construye sus propias herramientas sonoras. Pan Sonic emplea un dispositivo al que llaman “la máquina de escribir”: un generador de ruido y oscilador de bajas frecuencias contenido en una maleta para máquinas de escribir. “También tenemos otro al que llamamos la caja de pescar”, comenta Vainio, “porque está dentro de una caja para utensilios de pesca”.
El resultado aural de Pan Sonic va mucho más allá de estas descripciones casi cómicas. Sus discos son joyas poco convencionales que oscilan entre la oscuridad y la luz: repetitivos, llenos de estática, tonos, pulsaciones y pequeños ruidos que muchos podrían considerar errores de grabación.
Un dato curioso: el grupo se llamó PANASONIC hasta 1997, cuando el conglomerado japonés Panasonic intervino legalmente para impedir el uso del nombre. “No nos sorprendió que lo prohibieran”, recuerda Vainio. “Más bien nos sorprendió que tardaran tanto en hacerlo”. Y parece que no escarmientan: recientemente colaboraron con Bruce Gilbert —guitarrista de Wire— bajo el nombre de IBM.
Otra faceta que distingue al dúo es su trabajo en instalaciones de arte sonoro. El año pasado tuve la oportunidad de ver, en la Hayward Gallery de Londres, su contribución para Sonic Boom, exposición curada por David Toop. La instalación consistía en un gabinete Leslie —como los utilizados con órganos Hammond— que emitía vibraciones envolventes mediante una bocina giratoria. Dos tonos generaban pulsaciones que a veces se desfasaban entre sí, creando una experiencia constante, persistente y, por momentos, abrasiva.
Era un sonido tan intenso que resultaba difícil permanecer mucho tiempo frente a él. “Mucha gente casi enloquece con nuestro aparataje”, me dijo Vainio cuando lo encontré en uno de los puentes sobre el Río Támesis.
Su disco más reciente, Aaltopiiri (Blast First/Mute, 2001), sigue extendiendo el lenguaje de Pan Sonic, desdibujando las fronteras entre el techno, lo industrial y el ambient. Mantiene el minimalismo de sus trabajos anteriores, pero esta vez se enfoca más en la rítmica de sus dispositivos y en el lenguaje del cuatro por cuatro, llevándonos a un territorio donde arte y ciencia convergen en un solo documento sonoro.
PAN SONIC se presenta este 17 de marzo, a partir de las 8 PM, en el Pueblo Café del Jai Alai en Tijuana, acompañados por Ford Proco, MK Vaio, Fax, mr ejival y VJ Sal. Entrada: $60 pesos.
Publicado en marzo del 2001 en la revista online NOARTE
