Muchacho polvo de estrella, te amo pero estás muerto, supongo que nunca podré llamarte.
Voy directo a la sección de vinilo en una de esas tiendas de discos que todavía tienen la gentileza de vender tesoros circulares de siete pulgadas, que giran a cuarenta y cinco revoluciones por minuto, y encuentro, por suerte, un pequeño plato de vinilo importado de un grupo inglés llamado Jack. Qué maravilla; algo había leído de ellos en algún correo electrónico que llegó desde Leeds y mencionaba que éstos eran el peor grupo que la disquera Too Pure había firmado. Qué equivocado estaba el amigo ése, ingenuo al pensar que todo lo que salga bajo el sello de Too Pure debe sonar a Stereolab o Laika.
Muchacho polvo de estrella he leído todos tus libros tomando whisky he echado esas pastillas a mi boca y ahora estoy perdiendo mi bella paciencia.
La portada del galanazo matador no decía nada; sin embargo, la postal con una foto de Charles Bukowski, que se incluye dentro del forro de plástico, revela el homenaje musical que le hacía falta al escritor maldito estadounidense. Una foto en blanco y negro del viejo poeta en un restaurante, acompañado de otras cuatro solitarias figuras en el fondo. Polvo estelar para el viejo rabo verde, a quien ahora le cantan una canción:
Muchacho polvo de estrella estoy tan solo que hasta casi tiene algo de sentido pudimos haber compartido una botella pero nunca lo hubiéramos hecho como amigos.
Kid Stardust / I Didn’t Mean It Marie (Too Pure, 1995) es producido por Peter Walsh, quien ha trabajado con KTP, Heidi Berry y Xymox. El homenaje, lado A, recoge las influencias de grupos como Felt y un U2 primitivo. En el fondo se escucha un registro con la rasposa voz de Bukowski; sobre esto, un largo inicio a base de guitarra y después un “One, two, three, four…” en la neorromántica voz del cantante Anthony Reynolds, para dar inicio a esta linda y sincera canción. Un tono sardónico y alentador en la voz de Anthony, y buen pop desechable para cierto momento dado. Es más el peso que tiene la carga de influencias situadas en lo mejor de la música inglesa de la década pasada, que el tributo que se le rinde al hombre viejo y sucio.
Ahora nunca podré mandarte esa carta: las letras están todavía llenas de pelusa pero la cantada cada vez está mejor … todo empezó por error … sube esos instrumentos a la camioneta … ¿es éste el camino que debo tomar? … mete esas cosas a la van … el gran patio de la escuela americana me ha vencido de nuevo.
El lado B inicia con el sonido de unos grillos en algún pantano del Reino Unido. Ligeras guitarras y un bello arreglo para un cuarteto de cuerdas dan forma a esta perversa y cómica balada de amor. Tal vez un poco saturada la producción, con un objetable solo de guitarra que aparece casi al finalizar el cuarto minuto. Lejos del alegre lado A, el lado B muestra el lado introspectivo de unos años que prometen regresar en forma de nostalgia que busca una verdadera alternancia musical. Una broma mal realizada para la amante que merece dejar de existir. “No fue adrede María, no quería amarte”. Humor negro británico envuelto de un cariño pasivo y agresivo.
Muchacho polvo de estrella en la fábrica, en la habitación yo esperaba nacer en el aire de tu espalda.
El marinero, la sota, el asno, el tipo, el dinero, la toma de corriente o el nombre común. No importa el sentido del nombre que lleva el grupo. Lo que queda en la superficie de la piedra es el cuidado cardinal que se le da a la imagen del grupo con este tipo de probaditas antes del manjar principal. Los chicos se ven bien leídos e inteligentes, con finta de jóvenes artistas en busca de eso que los aleja del resto del brit-pop y del estancado movimiento de rock en los Estados Unidos. Hay que saber luchar por la sensibilidad de lo artístico y por el buen pop inglés.
Muchacho polvo de estrella yo caí por las escaleras en el vestido de bodas de mi ex no eras bonito ni apuesto pero si la verdad es una belleza entonces tú eres el mejor…
Los restos de Bukowski descansan en las páginas de sus escritos y es hora de regresar el pequeño acetato a su inocente empaque. Los surcos se desgastan, la estética se acumula y el polvo puede dañar la aguja con punta elíptica de diamante. Algunos vicios nunca mueren y es bueno recordar el olor del vinilo. Sí, el sonido es más orgánico y menos limpio, pero es difícil dejar de comprar este tipo de cosas. El afán siempre es aventurero y la mayoría de las veces se descubren cosas agradables, como la naciente historia de Jack.
Publicado en el semanario Bitácora de Tijuana (1995) y en el libro Rastros de carmín en un fondo tiznado de gris (La Espina Dorsal, 1996).
