Gorècki & Arvo Pärt: los minimalistas santos

Un despertar espiritual, a través de nuestra reproductora de discos compactos, y somos bañados por las lágrimas del hijo del hombre que permanece inerte en la cruz en algún lugar de nuestro hogar. Lágrimas que caen como notas de sonido. Notas de sonido íntimamente expresivas, notas que se repiten lentamente a la vez que levantamos nuestra cara hacia el cielo imaginario que emana de los altavoces de nuestro aparato modular. Un cerrar de ojos, y la música nos transporta a la vieja Europa. A esos países aislados y devastados por la presencia perenne de los fantasmas de la Segunda Guerra Mundial y de la desaparecida Unión Soviética.

En esos países, la vida bajo el cielo gris es un constante caminar por las pequeñas calles empedradas de ciudades hundidas en la miseria propiciada por el Nuevo Orden Mundial. En esos lugares, la gente vive para trabajar y trabaja para vivir. Lo único que hay más allá del cielo gris es el arte de la vida. El arte de la vida llama a la creación, y lo que hay más allá de la creación es la esencia de lo divino. La creación, esta vez, se da en forma de música. Música que inicia a partir de la escuela de Satiè, Stavinsky, Pachebel, Janecèk y Bartók. Música que se traduce a la corriente del minimalismo. Música instrumental contemporánea que se caracteriza por el escaso uso de notas musicales, notas que se repiten lenta y constantemente, formando un cuerpo de música en un periodo extendido de tiempo.

Henryk Mikolaj Gorècki encuentra en el devenir histórico de su Polonia la inspiración necesaria para reunir los elementos del minimalismo en Sinfonía No. 3 – La sinfonía de las canciones de angustia (Elektra/Nonesuch, 1992). El resultado es una bella y triste sinfonía de proporciones maternales y eclesiásticas. Tres lentos movimientos que inundan a nuestra humanidad en un crescendo lleno de abandono, esperanza y una elevada vida espiritual después de los horrores del genocidio.

Arvo Pärt, de Estonia, responde directamente con su obra al ateísmo propagado en su país bajo la cortina del socialismo. El único propósito que hay en la música de Pärt es la glorificación del Dios cristiano. Tabula Rasa (ECM, 1977), Arbos (ECM, 1987) y Te Deum (ECM/BMG, 1993) son obras enfocadas al silencio que hay en la adoración y alabanza de ese ser eterno, interno y divino. Cuerdas, metales, coros y campanas con tonalidades litúrgicas bajo los preceptos oscuros del minimalismo.

El trasfondo histórico y espiritual que existe en los minimalistas santos de Europa del Este les ha concedido respeto por parte de un vasto y ecléctico auditorio. La música de Gorècki y Pärt es elemental en este mundo en donde nada existe más allá de lo que vemos en nuestro alrededor. Mundo en donde los seres celestiales han regresado a su hogar. Música necesaria en tiempos en los que las masas son consumidas por la satisfacción de necesidades consumistas. Un mínimo regreso a la casa de amor que existe en la iglesia interior del hombre.


Publicado en el semanario Bitácora de Tijuana (1993) y en el libro Rastros de carmín en un fondo tiznado de gris (La Espina Dorsal, 1996).


Posted

in

,

by