Rone, nombre artístico del productor francés Erwan Castex, ha construido una trayectoria marcada por el cruce entre música electrónica, danza, cine y experimentación. Su álbum Room With A View (2020) dio origen a un espectáculo creado junto al ensamble de danza (LA)HORDE / Ballet National de Marseille, presentado en más de cincuenta ocasiones internacionalmente. Su trabajo cinematográfico, con directores como Jacques Audiard y Spike Jonze, le ha valido un Premio César y el Cannes Soundtrack Award. También ha explorado la orquestación sinfónica y, más recientemente, el diálogo musical con las ballenas en La Baleine et le musicien, película que documenta el proceso creativo de su nuevo álbum, Megaptera.
Platicamos con Erwan, en vísperas de su primera visita a México, en el marco del Festival Internacional Cervantino 2026, en donde tendrá varias fechas al lado (LA)HORDE / Ballet National de Marseille.
EJIVAL: Trabajas con equipo electrónico, pero el impacto final es humano: en las emociones, los estados de ánimo y el movimiento corporal. ¿Qué otros efectos no intencionales, fuera de tu control, has descubierto que puede tener tu música?
Rone: En efecto, como músico electrónico, intento transmitir tanta emoción y humanidad como sea posible a través de mis máquinas. Al final, no son más que un medio que me permite expresar lo que llevo dentro. Pero una vez que mi música existe, ya no me pertenece realmente. Puede despertar emociones, provocar reacciones o generar formas de resonancia que yo no había previsto. Lo descubrí, en particular, mientras trabajaba con bailarines y con (LA)HORDE. La música adquiere una nueva dimensión a través de los cuerpos, de sus movimientos, de lo que expresan y de lo que transmiten.
Pero el efecto más inesperado que ha tenido mi música es, sin duda, una serie de videos que se volvieron virales en redes sociales, en los que se veía a delfines y ballenas acercándose a embarcaciones que reproducían mi música. Estas imágenes generaron mucho revuelo y me hicieron plantearme muchas preguntas sobre cómo otras especies podrían percibir los sonidos y la música que producimos. Esta historia inspiró la película The Musician and the Whale, en la que me hice a la mar para intentar establecer una forma de diálogo musical con las ballenas. Esta experiencia influyó profundamente en mi último álbum, Megaptera.
Probablemente sea el ejemplo más extremo de algo que todavía me desconcierta por completo: componer música por mi cuenta con mis máquinas y descubrir, unos años después, que eso me había llevado hasta el medio del océano para intentar comunicarme con ballenas.
EJIVAL: Tu trabajo con (LA)HORDE implica formas de protesta y resistencia a través de la danza, frente a un desastre climático sin precedentes para la humanidad. Y, sin embargo, percibo algo positivo y esperanzador en tu música, con un fuerte sentido de belleza en las melodías y atmósferas que la conforman. Nunca se siente pesimista u oscura. ¿Era necesario este enfoque sonoro como respuesta ante un panorama tan desolador?
Rone: Con (LA)HORDE queríamos explorar, en efecto, temas serios como la crisis climática. Pero éramos conscientes de que había una trampa evidente: hablar del medio ambiente de una manera demasiado ingenua o maniquea y, sobre todo, dar la impresión de estar sermoneando. Eso no era lo que queríamos hacer. Yo prefería asumir el papel de observador, sin dejar de ser consciente de que yo mismo formo parte de aquello que estoy observando. Siento una responsabilidad: todos formamos parte del problema, pero también, potencialmente, de la solución. Así que lo que nos interesaba era menos transmitir un mensaje que despertar una conciencia. Y mientras escribíamos el espectáculo, nos dimos cuenta bastante rápido de que necesitábamos terminar con una nota positiva. Me hice mucho esta pregunta: ¿en qué estado quiero que la gente salga de este espectáculo?
Frente a un tema tan oscuro, no quería añadir desesperanza a la desesperanza. Quería, en cambio, que la obra generara vitalidad, energía, quizá incluso un deseo de resistir. Por eso, la belleza y la luz en la música no pretenden negar la gravedad de lo que está sucediendo. Al contrario, son una manera de responder a ello.
EJIVAL: Has trabajado con Cubenx, un productor mexicano que radica en Europa. ¿Qué ha aportado esta perspectiva mexicana a tu trabajo?
Rone: Conozco a César Urbina (Cubenx) desde hace mucho tiempo. Fuimos de los primeros artistas en firmar con el sello InFiné a principios de los años dos mil, y rápidamente se convirtió en un amigo. Trabaja regularmente conmigo en mis proyectos. Es un técnico muy competente, con una verdadera curiosidad por el sonido y los equipos. Me presenta nuevos instrumentos y equipos, a veces me ayuda con las mezclas o los arreglos, y su perspectiva externa es invaluable para mí.
Es alguien en quien confío profundamente y con quien la comunicación surge de manera muy natural. Siempre es un placer trabajar con él, porque aporta muchísimo, tanto a nivel artístico y técnico como personal. Y estoy especialmente feliz de poder finalmente explorar México con él. Será mi primera vez allí y llevamos mucho tiempo hablando de hacer este viaje juntos. Poder descubrir su país a su lado es un verdadero privilegio.

EJIVAL: Escucho influencias musicales de muchas épocas diferentes en tu música: los gestos de la música progresiva de los años setenta, el minimalismo electrónico, el diseño sonoro, la música de principios de los dos mil, así como una mirada hacia la música clásica moderna y contemporánea. ¿Qué es lo primero que guía este recorrido o búsqueda musical?
Rone: Lo que me guía, por encima de todo, es la emoción. Por supuesto, tengo una amplia gama de influencias provenientes de épocas y mundos muy distintos, pero cuando compongo no busco conscientemente pertenecer a un estilo particular ni hacer referencia a un periodo específico. Sobre todo, intento crear música que me conmueva. Creo firmemente en la idea de que cuanto más profundizas en algo personal, más posibilidades tienes de tocar algo universal. Puede parecer paradójico, pero creo que cuando intentas hablarle a todo el mundo, a veces terminas sin hablarle a nadie.
En cambio, cuando expresas algo muy personal y sincero, otras personas pueden identificarse con ello. A lo largo de los años, he recibido muchos mensajes de personas que me cuentan que mi música estuvo presente para ellas durante momentos importantes o particularmente difíciles de sus vidas. Eso significa muchísimo para mí. Pensar que una canción que escribí —simplemente intentando expresar algo que estaba sintiendo— puede convertirse para otra persona en una fuente de consuelo, alivio o simplemente en un impulso de energía que la ayude a atravesar un momento difícil, es probablemente una de las cosas que más sentido le dan a lo que hago.
EJIVAL: Has intentado establecer un diálogo entre especies a través de la música. No he visto tu película, solamente el tráiler, pero pareces genuinamente afectado por lo que vemos ahí. Me gustaría saber, brevemente, qué descubriste a través de esa experiencia. ¿Son realmente sensibles estos animales al tipo de música que producimos los humanos?
Rone: Es una pregunta que me fascina: si la música crea un espacio de resonancia entre los seres humanos, ¿puede esa resonancia extenderse más allá de los límites de nuestra propia especie?
La música no es solamente una cuestión de cultura o lenguaje. También está compuesta por vibraciones, ritmos y frecuencias. Y en el caso de las ballenas, la pregunta resulta particularmente fascinante, porque ellas mismas poseen un paisaje sonoro extremadamente rico y complejo.
Cuando me hice a la mar, quería ver qué podía suceder cuando estos dos mundos sonoros —nuestra música humana y la de ellas— se encontraran. Pero la película The Musician and the Whale no es una demostración científica. ¿Las ballenas realmente responden a la música que producimos? No tengo una respuesta para esa pregunta. Después de completar esta aventura, no estoy más seguro que cuando la comencé.
Por otro lado, regresé con todavía más preguntas, una renovada sensación de asombro ante el lado salvaje del mundo y un respeto aún más profundo por todos los seres vivos. Creo que cuando algo nos llena de asombro, estamos menos inclinados a destruirlo y más dispuestos a cuidarlo. Quizá ese sea también el propósito de esta película: crear un momento de resonancia que nos recuerde que formamos parte de un mundo vivo mucho más vasto que nosotros mismos. Y quizá la música pueda, en ciertos momentos, abrir ese espacio y hacernos sentir, aunque sea por un instante, un poco menos separados del resto del mundo.
EJIVAL: ¿Qué experiencias musicales u obras han marcado tu vida y podrías recomendar escuchar? ¿Hay algunas que todavía consideres relevantes y que puedan ayudarnos a ampliar nuestra perspectiva o hacernos reflexionar sobre nuestro lugar como seres humanos en este planeta?
Rone: Honestamente, después de todo lo que acabo de decir, diría: ¡escuchen a las ballenas! En 1970, el bioacústico Roger Payne publicó Songs of the Humpback Whale, un álbum que reúne grabaciones del canto de las ballenas jorobadas y que desempeñó un papel importante en el cambio de la percepción pública sobre estos animales.
Me parece fascinante esta experiencia de escucha porque nos obliga a salir de nuestra propia perspectiva. A nuestro alrededor existen otras formas de comunicación, otros paisajes sonoros y otras maneras de habitar el mundo.
Así que, si tuviera que recomendar una experiencia de escucha que pudiera hacernos reflexionar sobre nuestro lugar en este planeta, sería simplemente esta: escuchen cantar a una ballena y recuerden que no estamos solos.
Rone y el colectivo de danza (LA)HORDE / Ballet Nacional de Marsella se presentan como parte del Festival Internacional Cervantino, el 17 y 18 de octubre en el Teatro del Estado de Guanajuato. Con fechas adicionales en Zapopan, Jalisco, León, Guanajuato y Ciudad de México.
